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3.2.18

Manifesto


Atari Burroughs (o DeAtar&Burros) surge como respuesta ante nuestra necesidad de encontrar formas de expresión que nos permitieran construir espacios que no estén acorsetados por discursos uniformes y homogéneos. Necesitamos del ejercicio mental de masticar, procesar y vomitar lo que vemos, registramos y aprendemos. Aprendiendo y aprehendiendo.

Como tal, no responde a una sola voz, sino que se trata de un espacio de expresión compartido, por ende sus resultados pueden ser disonantes; es un espacio abierto, de estructura rizomática y circular, no solo en cuanto a la ocupación de sus diferentes medios sino también al ejercicio de administrarlos.
Al entehender que «la creación de sitios multidireccionales, diversificados y de comunicación abierta, promovidos y gestionados desde focos heterogéneos de la vida social, tal como se manifiestan en Internet, hacen pensar en otros tipos de espacios o esferas públicas»[1]; proponemos en Atari Burroughs un sujeto colectivo [una unidad/ entidad] donde generar un espacio para cuestionar las estructuras uniformizantes: buscamos abrir interrogantes. Aspiramos a no caer en el lugar común de asentar, no deseamos formular respuestas acabadas.
Siguiendo a Canclini, creemos que Internet nos ofrece una plataforma donde es posible crear múltiples espacios y canales de expresión donde nuestra opinión puede ser difundida. Este fanzine quiere ser un canal más allá de La Red, a través del cual podamos compartir nuestras inquietudes y gustos, participando activa y creativamente frente a una homogeneización estética, educacional y cultural, producto [entre otras cosas] de la concentración de medios y canales de comunicación.
Si bien existen en Atari Burroughs afinidades en común, no predomina en el grupo una línea de pensamiento sobre otras: provenimos de diferentes disciplinas para, en conjunto, generar un nuevo proyecto, propio y colectivo. Valorizamos la multiplicidad de voces, de opiniones y de miradas. Nuestra intención es abordar cada mes diferentes temáticas pretendiendo cuestionar las continuidades lineales y acabadas, los discursos homogeneizantes y uniformes.
La manera de organizarnos busca distanciarse de un orden jerárquico: Recuperamos, al ensayar, las formas de la naturaleza, de la luz, de la vibración del sonido; formas antiguas de organización social; formas orgánicas de organización de la materia. Dado que reconocemos la importancia de un sistema de organización y de la necesidad de una estructura definida, queremos inventar, crear y probar, actuando: pues como dice Jorge Córdoba, miembro del Human Research Lab, «Sin sistema, no hay revolución posible».
Como miembros del colectivo Atari Burroughs, todos y cada uno de nosotros creemos en el leit motiv: “sólo queremos ejercer el derecho a ser diferentes”. Y es que coincidimos con Joost Smiers, aunque podamos no estar de acuerdo con todo el libro, cuando afirma que «el arte es fundamental para el debate en democracia y para el proceso de responder a la multiplicidad de preguntas que surgen de la vida cotidiana, tanto en el plano emocional como en los otros. Para que esto suceda se necesita una gran diversidad de formas de expresión y canales de comunicación.»[2]


*** esta frase/idea hace referencia a las diferencias respecto del modelo del stablishment; es el espacio/ lugar/ ámbito "donde" aparece: la "cultura" de los negros, de los gay, de los artistas, de los marginales, de los místicos, etc.: esto de "las tribus". En el marco de lo que se ha dado en llamar: "antropología urbana". Intercambiándose los conceptos de identidad y cultura. Implica un análisis del significado de "diferentes"; en un momento, opuesto a "iguales"; luego, cruzado con la pelea por la "igualdad" de derechos, y ahora entrecruzado con el reclamo al derecho a las diferentes identidades, con "igualdad de derechos en la diversidad". Entonces, se remonta la discusión a cómo se definen las diferencias y las igualdades: esto de "nosotros /los otros" que permite decir: nosotros, por las semejanzas; y los otros, por la diferencias. Además de Oscar Wilde, así como de con los filósofos de la diversidad: tiene que ver con la escuela francesa (Barthes y Barth) y con Peter Worsley.[1] García Canclini, Nestor. "Todos tienen cultura: ¿Quiénes pueden desarrollarla?".
[2] Smiers, Joost. "Un mundo sin copyright. Artes y medios en la globalización". 2006. Barcelona. Serie Cultura / Gedisa Editorial.

4.1.18

formas



no sé si pájaro o jaula 
mano asesina 
o joven muerta entre cirios 
o amazona jadeando en la gran garganta oscura 
o silenciosa 
pero tal vez oral como una fuente 
tal vez juglar 
o princesa en la torre más alta


Alejandra Pizarnik

21.3.13

Mouchette, Robert Bresson, 1967

Mouchette: Girl, Interrupted

By Robert Polito

“Between thought and expression”—as Lou Reed wrote in the Velvet Underground song “Some Kinda Love”—“lies a lifetime.” Mouchette, and maybe all Robert Bresson’s inexhaustible, majestic films, transpire in that puzzling space “between,” that incalculable “lifetime.” How, for instance, does a director as visually acute as Bresson and so insistent on “the resources of cinematography and the use of the camera to create” also imply the urgency of the unseen, the ineffable, the otherworldly? How does a filmmaker so attentive to metaphysical demands honor the press of our physical existence, whether everyday or tragic? The marvel of Mouchette inheres in the elegance, obstinacy, and capaciousness of Bresson’s double-mindedness. A rape edges into tenderness, suicide emerges as at once holy and appalling, and scene upon scene invokes, simultaneously, spiritual despair and an afterlife.

Mouchette (1967) was Bresson’s final black-and-white film before he switched over to color for Une femme douce, in 1969. And there are vestiges throughout of the mournful, formally exacting work he created during the 1950s and 1960s, as well as intuitions of the tonal complexity and even fiercer pessimism that infused his late style. Mouchette herself is at least as solitary as Michel in Pickpocket (1959), and her village proves as claustrophobic as Fontaine’s prison cell in A Man Escaped (1956). Like Diary of a Country Priest (1951),Mouchette tracks hereditary alcoholism in the “malicious” French countryside, and Bresson adapted both movies from novels by Georges Bernanos, a gifted exponent of what he designated “Catholic realism” and also the author of the libretto for the Francis Poulenc opera Dialogues des Carmelites. Shooting on Mouchette started soon after Bresson finished Au hasard Balthazar (1966), and Mouchette seems a combination of the suffering Marie and the donkey, Balthazar, much as the hunting (rabbits) and poaching (partridges) episodes once again analogue human and animal misfortunes.

Yet Mouchette registers a departure from early Bresson as much as a summing up. Philosophically, or theologically, suicide no longer arises as inevitably redemptive, as purely (in novelist Dennis Cooper’s tense phrase) “a tragic segue into the comforting delusion of heaven.” Mouchette foretastes the desperate convulsions of Bresson’s last films, The Devil, Probably (1977) and L’argent (1983). There are also prickly cinematic variations and reversals. A distinguishing gesture of A Man Escaped, Pickpocket, and especially Diary of a Country Priest involved the repetition, sometimes the tripling, of an event—we see a close-up of a handwritten notebook page; then listen as a voice-over speaks the words; finally, someone performs the actions we have just heard and read. For Mouchette, Bresson folded this stylistic signature inside out, and instead of reiteration advanced a sort of stutter step, often signaled by a disruption of image and sound.

A brief prologue introduces this oblique sound-image design and lodges a story line in the form of a question. The scene, the film in miniature, enacts a riddle of presence and absence. A woman we later recognize as Mouchette’s dying mother abruptly sits before us, crying, talking. “What will become of them without me?” she asks. “I can feel it in my breast. It’s like a stone inside.” The woman rises, but Bresson’s camera, instead of following her, stays fixed on the spot she has just departed, inside—we now discern—a church. Against the vacant frame we hear the loud click-clack of her shoes as she walks away, and then Claudio Monteverdi’s Magnificat. The rest of the film tracks a reply to her tearful inquiry, perhaps her prayer, about the fate of her family, particularly her daughter Mouchette. But on subsequent viewings, after we understand who the woman is and her situation, cruxes still abound. The “stone” indicates her fatal physical illness, yet isn’t the word also emblematic of the adamantine misery that numbs her family, the entire town? Does the empty frame betoken, as the Magnificat hints, her ascent into heaven? Or do empty frames anticipate greater, possibly eternal, emptiness, as the disappearing footsteps suggest? She can’t go on with the world, the prologue further proposes, yet the world can go on without her.

Mouchette arranges a disquieting mix of naturalism and disorientation. The vistas of the film look matter-of-factly impoverished, brutal, and desolate, but Bresson recurrently shuns transitions, radiates noises—voices, trucks, a baby—independent of visual sources, and insinuates reactions prior to causes. “The ear goes more toward the within, the eye toward the outer,” Bresson remarks in Notes on a Cinematographer. “The eye (in general) superficial, the ear profound and inventive.” Like her mother, and as if in prediction of her suicide, Mouchette tends to exit the frame before Bresson cuts to the next shot, though from the outset she comes across as earthy rather than ethereal, her body hugging the ground, as when she crouches along a roadside to toss mud at her classmates, stomps her feet in a puddle, grinds dirt into a fancy carpet, or rolls downhill into a pond. In her oversize clogs, Mouchette always seems off-kilter, as Bresson’s strategy of low shots—legs, hands, skirts, shoes—disorders her childhood. Even her time line is unsteady—the music during the bumper-car interlude at the local fair secures a 1960s setting, but inside her destitute house it might as well still be World War II.

The coordinates of Mouchette are drinking and male power. Mouchette’s father and brother haul contraband liquor and grimly toast in celebration of their delivery. Alcohol is consumed before and after Sunday worship. The poacher, Arsène, drains his canteen of gin when he rapes her, and his bloody fight with Mathieu, the gamekeeper, dissolves into amiable imbibing. Her mother asks for gin on her deathbed, then warns Mouchette, “Make sure you never get taken in by lazy workmen or drunks.” In his novel, Bernanos links the rape to her other travails as the child of a dipso­maniac: “It was like one of those endless nightmares of uniform horror which, as a real alcoholic’s daughter, she often had to endure throughout a whole night and whose full memory only really came back much later, at supper time, when she had carried it with her all day like an invisible animal attached to her body.”

Sexual aggression and masculine bluster infect the countryside like a congenital defect. Early on, some boys expose themselves to Mouchette, and later call her “rat face.” Her father shoves her twice, first into church, and then as she flirts with a young man at the fair. Mathieu trails Arsène not so much for his illegal traps and snares as for their rivalry over Louisa, a dour bartender. There is a mechanical core to this antic, destructive motion—Mouchette’s father keeps on driving after he has collapsed onto his bed, improvising a steering wheel from his cap. The women of the town, too, absorb this lurid poison. “Little slut,” a shopkeeper snaps at Mouchette, observing the telltale scratches on her chest.

For Mouchette, love, sex, empathy, service, humiliation, and force are all bound up together. Although a child, she functions as caretaker for her family, yet she is an unseasoned, lackadaisical steward, spilling coffee and milk, and sloppily swaddling her baby brother. Her response to her mother’s death is to fall asleep. Bernanos renders Mouchette’s encounter with Arsène as a continuation of the cruelty she suffers at home: “In her child’s mind, the memory of that violence was somehow mixed with that of many others, and her reason could scarcely distinguish it from her father’s savage beatings.” But Bresson’s bleaker vision here always sees double. He deftly affirms Arsène as an alternative to her domestic violations, as well as their latest installment. Arsène manifestly wishes to protect Mouchette, even as he attacks her. She identifies with Arsène’s troubles and his revolt, hugging him finally while he struggles on top of her.

From the drinking to the violence, the strangled birds to the wounded rabbits, Mouchetteinscribes a fever dream. Long shots that overwhelm the human actors with landscape play against close-ups that block perspective. Inside and out, there is always a “cyclone,” as Arsène and Mouchette naively tag the storm that agitates their world. Mouchette apprehends her future in the hunted creatures, but also in Louisa’s drudgery, her mother’s sickness, and Arsène’s shame. Her parents, the teacher who yanks her by the neck over to the piano as though she were one of Arsène’s partridges, the old women who demean and mortify her, Mathieu—the figures of ostensible authority are suspect, tainted, their morality indistinguishable from neurosis, terror, and self-delusion.

Mouchette twice tries to tell her mother what happened to her with Arsène during her night in the woods, but each time she stops, interrupted by a crying baby and by her mother’s passing. Because of her suicide, Mouchette’s life is another interrupted story—and Bresson doesn’t show us an image of her body entering the water, recording instead the sounds of her splash. The Magnificat returns as the camera lingers over the space that she, like her mother at the start of the film, has now vacated, an empty frame. Once again, we might view this as Mouchette’s release, as a gift, but if her death is akin to grace, Bresson never lets us forget that her suicide is also desperate, pathetic, a dead end.

A poet and essayist, Robert Polito is the author of Savage Art: The Biography of Jim Thompson, which received the National Book Critics Circle Award in biography, among many other books.

4.1.11

El deseo furtivo del condenado antes de morir degollado: Confesionario musical

El deseo furtivo del condenado antes de morir degollado: Confesionario musical: Confesionario , pero sin la presencia de Jorginho Rial, ni la de Cecilia Szperling ni párrocos de ningún tipo. A modo de agasajo, un ba...

1.6.10

Adios a Louise Bourgeois




Louise Caroline Bourgeois
(París 25 de diciembre de 1911 - New York, 31 de mayo de 2010)

2.10.09

Zeitgeist - The Movie - by Peter Joseph



[posteo de hace 2 años atrás: corregimos el link que había caducado y lo volvemos a postear actualizado, con el mismo texto de entonces]

Se trata de un documental que vi y me dejo bastante triste y feliz a la vez. Triste porque trata sobre una realidad de la que venimos, vivimos y vamos a vivir, NO muy grata de aceptar; (pero cierta, al menos para mi en un 99%). Y feliz porque es la primera vez que veo que algo como esto empieza a circular.

El documental es la primera película de Peter Joseph y se llama "Zeitgeist". Lo bueno es que se puede ver y bajar gratis a dvd por Internet (y hasta con subtítulos en castellano) porque fue hecho sin ánimos de lucro. Entiendo que este tipo de investigaciones ayudan a tener una visión más crítica y activa sobre las supuestas verdades que las Instituciones y los Mecanismo de Poder intentan imponernos y solemos aceptar sin demasiado cuestionamiento.

Les recomiendo se busquen una silla cómoda, y se tomen unas horitas pues dura y 1 hora y 50 minutos.

¡Para verlo, hacer clic AQUÍ!

29.3.09

A Los Gauchos Psicomísticos del Miasma en vivo en la FLA | Ciclo de música experimental

Luego de la última seguidilla de shows orquestales en casas y galerías de arte, volvemos con todo el power a la escena del punk rock más ruidoso y acérrimo; nada más y nada menos que en nuestra queridísima y bienponderada FLA (Federación Libertaria Argentina). Cerraremos el ciclo de Eu!Zine, festival de música noise y experimental donde musicalizaremos la genial película Flaming Creatures (1963) de Jack Smith. Y ojo, que haremos mucho punk y mucho noise, pero como siempre, también pelará sutilezas nuestra sección de cámara con sus bellas sinfonías y delicias ambientales. Antes que ALGPM (nosotros) van los sacados Hipnoflautas (muy recomendable banda). Así que será una preciosa velada para viajar un poquito al más allá sin necesidad de trasladarse físicamente a ningún lado; bueno, sí, a la FLA!  :) Los esperamos!
pd: adjunto algunos volantillos que nos van llegando desde distintos varios lados.

+++

Act Ki (Thrash / Lo-Fi / Punk)

Hipnoflautas (Psicodelia / Espacial / Trastornada)

(Música Concreta / Post Kraut / Minimalista)

Ciclo Eu!zine presenta: 29 de noviembre, 19:00 hs. Entrada libre!
Federación Libertaria Argentina. Brasil 1551, San Telmo.
 
La Orquesta Rizomática ALGPM* en su versión 'punk de cámara' irá así:
Sami Abadi: Violín Eléctrico y Dirección Orquestal
Max Yakin Bozek: Piano y Sintetizadores
Santiago Doljanin: Artefactos Imposibles
José González: Bajo Locomotora
Alejo Barberis: Batería y Percusión
Sebastián Desalvo: Melódica y Mbira
Fermín Kehoe: Flauta Traversa 
Carolina Cuevas: Clarinete
María Fernanda Flores: Viola
Andrea Ojeda: Violín

18.3.09

ALGPM en vivo en la Federación Libertaria Argentina


NDE RAMIREZ
(freak folk)

PLAN AUSTRAL
(nueva trova sureña)

A LOS GAUCHOS PSICOMISTICOS DEL MIASMA
(avant noise)

Ciclo Eu!zine: Marzo 2010
Música en vivo + feria de discos y fanzines
Domingo 21. 19:00 hs. en la FLA
Federación Libertaria Argentina
Brasil 1551, San Telmo.

16.3.09

La paja ajena (por Martín Caparrós)

En la Argentina, los medios de comunicación son empresas que se rigen, como cualquier empresa, por sus intereses.

Nunca fui un fan de la prensa americana, y sus sanatas sobre la verdad, la honestidad, la independencia del periodista siempre –dicho en buen mexicano– me valieron madre. Pero el otro día me encontré en el New York Times un artículo que me produjo admiración, envidia, admiración.

El artículo se titulaba “Carlos Slim Helú: el empresario reticente” y empezaba contando que “Carlos Slim Helú estaba claramente molesto. Un día del otoño pasado, en la Ciudad de México, había invitado a docenas de corresponsales extranjeros a almorzar y, tras muchas preguntas sobre tendencias comerciales, un periodista quiso saber cómo se sentía al ser tan rico en un país donde tanta gente no llega a fin de mes. El señor Slim cortó la pregunta y defendió su manejo de su vasto imperio económico. Su tono intransigente mostraba que no estaba a favor de esa línea de preguntas. (…) Dueño de telefónicas, constructoras, hipermercados, el señor Slim proyecta una sombra importante sobre el paisaje mediático de su país. Notoriamente quisquilloso, no necesita levantar el teléfono y rugir a los que publican algo que no le gusta. Sus vastos recursos suelen asegurarle una cobertura mucho menos que crítica”, dice el artículo del New York Times, y cuenta cómo un diario mexicano, El Universal, fue amenazado con el retiro de toda la publicidad de las empresas de Slim tras una columna en que cuestionaba algunas de sus decisiones. Después explica que “Slim construyó su fortuna adquiriendo compañías en dificultades y reflotándolas, pero llegó a los primeros puestos de la riqueza mundial cuando le compró al gobierno el monopolio telefónico mexicano, Teléfonos de México, conocido como Telmex, en 1990. Sus críticos dicen que sus conexiones políticas le aseguraron el negocio, pero él responde que su oferta de 1.760 millones de dólares superaba el precio de mercado. Hoy, aunque el mercado telefónico mexicano está ostensiblemente abierto a la competencia, sus tarifas están entre las más caras del mundo. (…) Slim puede poner sordina a algunos críticos, pero no a todos: ‘Pasar a la historia como un malvado monopolista que peló a los consumidores mexicanos no es una imagen de sí mismo que le guste’, dice Denise Dresser, una cientista política mexicana, ‘pero es una imagen verdadera’”.

Y así sucesivamente. Hasta ahí, nada de qué sorprenderse: un gran diario americano mirando, una vez más, la paja en ojo ajeno mientras las vigas llueven en llamas a su alrededor. Un clásico, si no fuera porque –como el artículo también dice– Carlos Slim es uno de los principales accionistas de la empresa que publica el New York Times. El año pasado Slim compró 9,1 millones de acciones –el 6,9 por ciento del total–, que entonces valían unos 127 millones de dólares y esta semana, en plena crisis, alrededor de 35. Y a principios de año le prestó a la compañía editora del Times 250 millones de dólares convertibles en acciones. Por todo lo cual Slim es el tercer accionista más poderoso de la empresa: uno de los dueños.

Digo: casas más, casas menos. Y me pregunto cuándo Clarín va a contar las maniobras de Héctor Magnetto, La Nación las tretas de vaya a saber quién –porque ni siquiera está muy claro de quién es. Cuándo van a salir por América TV los curros de la pareja Vila-Manzano, cuándo en Radio América los negocitos del nuevo magnate Sergio Spolsky. O si, por ejemplo, sin ir más lejos, Crítica de la Argentina escribirá sobre sus dueños. (Antes de que saliera el diario, Lanata dijo que daría una conferencia de prensa con toda la información societaria; después, en algún momento, se cansó: se preguntó por qué debía hacer lo que ninguno hacía, por qué tenía que rendir examen –y supongo que tenía razón).

Lo cierto es que no sucede: nunca sucede. Y hay una explicación pragmática –casi– razonable: en la Argentina, los medios de comunicación son empresas que se rigen, como cualquier empresa, por sus intereses. Por eso no tiene sentido que un diario con intereses sojeros importantes publique nada en contra de los transgénicos, un suponer. O por eso sí tiene sentido que los nuevos dueños de radio del Plata echen a un tipo como Nelson Castro: si yo tengo una empresa de neumáticos y uno de mis vendedores recomienda a mis clientes que compren gomas de la competencia, le pago su finiquito y lo mando a la casa. Yo, empresa privada, no tengo por qué pagarle a alguien para que diga lo que no quiero que diga, para que hable mal de mis amigos, mis socios o de mí. Dentro de la lógica de mercado, una empresa periodística tiene derecho a definir que ciertas cosas no se dicen, que algunas deben decirse de tal o cual manera, que otras deben decirse sin parar. Y elegir quiénes las van a decir y quiénes no. Para eso son los dueños.

No hay, supongamos, por qué sorprenderse de ese mecanismo. En un mundo ideal, ciertas empresas mediáticas deberían pertenecer a un Estado tolerante, plural, que asegurara el libre acceso a la información de todos sus ciudadanos, y otras a grupos de personas, asociaciones, partidos, cooperativas –y que nadie pensara en hacer negocio con ellas. No parece que nada de eso esté por suceder. Nos quedan, entonces, las reglas del mercado: empresas haciendo guita con productos berretas que supuestamente los clientes prefieren, y cuidando esa guita con el sencillo expediente de no meterse con los intereses de sus dueños o de esos dueños remotos y esporádicos que son sus grandes anunciantes, públicos o privados.

El mercado triunfa: en esos términos, en la Argentina actual, el problema no son las empresas sino los clientes. Si yo voy al súper y me compro un kilo de carne verde esmeralda con gusanitos bailarines –y si a mi lado cientos hacen lo mismo–, los señores súper, después de reírse un rato, van a respirar hondo y entender que bueno, ya no es necesario conservar fresca la carne. Distinto sería si no resultara, si la mayoría de los carnívoros de ese súper saliera corriendo y no volviera nunca más: entonces intentarían vender carne fresca o que parezca fresca. Si el New York Times publica una nota dura sobre los negocios de uno de sus dueños es, en parte, porque a sus editores les gusta esa imagen inflexible de sí mismos y, mayormente, porque saben que sin esa imagen su negocio se derrumba: que su público espera eso de ellos, y no los toleraría –dejaría de consumirlos– si fueran muy claramente de otro modo. Entonces publica ese artículo –que al fin y al cabo no tiene grandes revelaciones, que dice lo mismo que todos dicen y nadie puede ignorar del todo, y que le sirve para salvar la cara. Pero ése es el punto: que crean que tienen que hacerlo, que su público les exija que lo hagan.

Aquí los medios no necesitan siquiera simularlo porque su público no se lo exige. Entonces los periodistas seguimos haciéndonos los boludos, enunciando grandes imperativos morales que siempre se aplican a los otros. Si empezáramos por casa –si simuláramos, al menos, que empezamos por casa– quizá tendríamos cierto derecho a ocuparnos de lo que hacen los demás y derecho, sobre todo, a que nos crean cuando lo hacemos. Pero nadie nos lo exige, y seguimos así. Y no es del todo nuestra culpa, sino más bien la de ustedes, mis queridos, que también somos nosotros: los argentinos no sólo tenemos los políticos que nos merecemos; también –faltaba más– el periodismo que ustedes nosotros, sus lectores, hemos sabido conseguir. ¿Quieren mejores medios? Exíjanlos a su proveedor habitual, a ver qué dice.

por Martin Caparrós para el Diario Crítica de la Argentina.
Director: Jorge Lanata. Edición Nº376. Año I

10.3.09

La terrible sinceridad

-por Roberto Arlt-

Me escribe un lector:

“Le ruego me conteste, muy sinceramente de qué forma debe uno vivir para ser feliz. “

Estimado señor: si yo pudiera contestarle, sería o humorísticamente, de qué modo debe vivirse para ser feliz, en vez de estar pergeñando notas, sería, quizás, el hombre más rico de la tierra, vendiendo, únicamente a diez centavos, la fórmula para vivir dichoso. Ya ve qué disparaste me pregunta.

Creo que hay una fórmula de vivir en relación con los semejantes y consigo mismo, que si no concede la felicidad, le proporciona al individuo que la practica una especie de poder mágico de dominio sobre sus semejantes: la sinceridad.

Ser sinceros con todos, y más todavía consigo mismo, aunque se perjudique. Aunque se rompa el alma contra el obstáculo. Aunque se quede solo, aislado y sangrando. Esta no es una fórmula para vivir feliz; creo que no, pero sí lo es para tener fuerzas y examinar el contenido de la vida, cuyas apariencias nos marean y engañan de continuo.

No mire lo que hacen los demás.

No se le importe un pepino de lo que opine el prójimo. Sea usted, usted mismo sobre todas las cosas, sobre el bien y sobre el mal, sobre el placer y sobre el dolor, sobre la vida y la muerte. Usted y usted. Nada más. Y será fuerte como un demonio, entonces. Fuerte a pesar de todos y contra todos. No importe que la pena lo haga de dar de cabeza contra la pared. Interróguese siempre, en el peor minuto de su vida, lo siguiente:

- ¿Soy sincero conmigo mismo?

Y si el corazón le dice que si, y tiene que tirarse a un pozo, tírese con confianza. Siendo sincero no se va a matar. La vida, la misteriosa vida que rige nuestra existencia, impedirá que usted se mate tirándose al pozo. La vida, providencialmente, colocará, un metro antes de que usted llegue al fondo, un clavo donde se engancharan sus ropas, y usted… se salvará.

Me dirá usted: “¿Y si lo otros no comprenden que soy sincero?” ¡Qué le importa usted de los otros! La tierra y la vida tienen tantos caminos con alturas distintas, que nadie puede ver a más distancia de lo que dan sus ojos. Pero, escúcheme bien: el día en que los que lo rodean se den cuenta de que usted va por un camino no trillado, pero que marcha guiado por la sinceridad, ese día lo mirarán con asombro, luego con curiosidad. Y el día en que usted, con la fuerza de su sinceridad, les demuestre cuántos poderes tiene entre sus manos, ese día serán sus esclavos espirituales, créalo.

Me dirá usted: Siempre los mismo “¿Y si me equivoco?”. No tiene importancia. Uno se equivoca, cuando tiene que equivocarse. Ni un minuto antes ni un minuto después. ¿Por qué? Por que así lo ha dispuesto la vida, que es esa fuerza misteriosa. Si usted se ha equivocado sinceramente, lo perdonarán. O no lo perdonarán. Interesa poco. Usted sigue su camino. Contra viento y marea. Contra todos, si es necesario ir contratados. Y créame llegará un momento en que usted se sentirá más fuerte. Que la vida y la muerte se convertirán en dos juguetes entre sus manos. Así, como suena. Vida. Muerte. Usted va a mirar la taba que tiene tal reverso, y de una patada la va a tirar lejos de usted. ¿Qué le importan los nombres, si usted, con su fuerza, está más allá de los nombres?

La sinceridad tiene un doble fondo curioso. No modifica la naturaleza intrínseca del que la practica, y sí le concede una especie de doble vista, sensibilidad curiosa, sino los sentimientos de quien está a su lado.

Hay una frase de Goethe, respecto da este estado, que vale un Perú. Dice:

“Tú que me has metido en este dédalo, tú me sacarás de él “.

Es lo que anteriormente le decía.

La sinceridad provoca en que la practica lealmente, una serie de fuerzas violentas. Estas fuerzas sólo se muestran cuando tiene que producirse eso de: “Tú que me has metido en este dédalo, tú me sacarás”. Y si usted es sincero, va a percibir la voz de las fuerzas. Ellas lo arrastrarán, quizá, a ejecutar actos absurdos. No importa. Usted los realiza. ¿Qué se quedará sangrando? ¡Y es claro! Todo cuesta en esta tierra. La vida no regala nada, absolutamente. Todo hay que comprarlo con libras de carne y sangre.

Y de pronto, descubrirá algo que no es la felicidad, sino un equivalente a ella. La emoción. La terrible emoción de jugarse la piel y la felicidad. No en el naipe, sino convirtiéndose usted en una especie de emocionado naipe humano que busca la felicidad, desesperadamente, mediante las combinaciones más extraordinarias, mas inesperadas. ¿O qué se cree usted? ¿Qué es uno de esos multimillonarios norteamericanos, ayer vendedores de diarios, más tarde carboneros, luego dueños de circo, y sucesivamente periodistas, vendedores de automóviles, hasta que un golpe de de fortuna lo sitúa en el lugar en que inevitablemente debía estar?

Esos hombres se convirtieron en multimillonarios porque querían eso. Con eso sabían que realizaban la felicidad de su vida. Pero piense usted en todo lo que se jugaron para ser felices. Y mientras no se producía efectivo, la emoción, que derivaba de cada jugada, los hacía más fuertes. ¿Se da cuenta?

Vea amigo: hágase una base de sinceridad, y sobre esa cuerda floja o tensa, cruce el abismo de la vida, con su verdad en la mano, y va a triunfar. No hay nadie, absolutamente nadie, que pueda hacerlo caer.

Y hasta los que hoy le tiran pierdas, se acercarán mañana a usted para sonreírle tímidamente. Créalo, amigo: un hombre sincero están fuerte que solo él puede reírse y apiadarse de todo.

26.1.09

Pobres los pueblos que necesitan héroes


El escritor argentino presentó Comediantes y mártires , donde analiza y polemiza con los cuatro "íconos" elegidos para Francfort: Gardel, Evita, el Che y Maradona.

"Pobres los pueblos que necesitan héroes". Con esta cita de Bertolt Brecht comienza Juan José Sebreli su ensayo Comediantes y mártires , en el que analiza los cuatro mayores mitos argentinos de repercusión mundial: Eva Perón, Carlos Gardel, el Che Guevara y Maradona.

Sebreli presentó hoy en Madrid Comediantes y mártires , el libro con el que ganó el Primer Premio Debate-Casa de América de ensayo iberoamericano, y auguró que causará sin duda "un poco de escozor" en Argentina, donde pocos días después de que se anunciara el galardón el gobierno propuso precisamente a esos cuatro mitos argentinos para representar al país en la Feria del Libro de Fráncfort en 2010.

"Creo que la decisión ha estado inspirada en cierto modo en este libro (...) Porque es muy raro si no, porque podría haber tomado a otros, o en vez de a Evita podrían haber elegido por ejemplo a (el ex presidente argentino Juan) Perón. Creo que fue como una réplica a este libro", señaló el autor (Buenos Aires, 1930).

Sebreli desgrana en la obra las contradicciones y paradojas en la vida de quien fuera la esposa de Perón, del más famoso cantante de tangos, del revolucionario que estuvo junto a Fidel Castro en lucha en Cuba y de uno de los mejores futbolistas del mundo, el único aún vivo de los cuatro.

El autor de El olvido de la razón busca con su obra atacar el uso abusivo del mito en la sociedad actual. "Yo creo que una sociedad democrática, igualitaria, con hombres libres y conscientes de su responsabilidad, no puede poner en manos de los mitos su propio destino", señaló.

Los mitos, desmitificados

El primer ejemplo que citó Sebreli fue el boxeador argentino Carlos Monzón, que estuvo preso por matar a su mujer y falleció en un accidente automovilístico a los 52 años, pero a quien, subrayó, se le han erigido monumentos que hablan de la idolatría de un pueblo.

Para Sebreli, el futbolista Diego Armando Maradona es otro de los mitos "deleznables" que encarna "lo que no debe ser un deportista: drogado, desordenado, no disciplinado, quien transgrede sistemáticamente la máxima ´mens sana in corpore sano´".

Maradona, considerado uno de los mejores futbolistas de la historia de este deporte, se diferencia de los otros tres mitos argentinos elegidos por ser "el primero que se dio a conocer en la era de la globalización, convirtiéndose merced a la televisión en un ídolo mediático".

En su estudio argumenta que pese a que los mitos son fenómenos de "masas populares", hoy en día también se da el caso de la "academización de los ídolos".

Y así puso como ejemplo a Gardel, resucitado en los años 50 por los intelectuales argentinos, aunque el caso más claro, indicó, es la "intelectualización de Evita".

Sebreli recordó que tras la caída del peronismo "hubo un intento de los militares y de los grupos antiperonistas de destruir el mito de Evita, que se transformó en el ídolo de los guerrilleros en los años 70, para después ser alzada a héroe por parte de la cultura de masas merced a la popular ópera dedicada a este personaje".

"Qué hubiera sido Evita si no se hubiese encontrado con Perón. Nada", afirmó. "Quién hubiera sido el Che si no se hubiera encontrado en México con Fidel. Quince días antes de encontrarse con Fidel, el proyecto del Che era buscar una beca para irse a París con su madre. Si la hubiera conseguido, la vida del Che hubiese sido otra".

Las claves son, por eso, en su opinión, más allá de la voluntad de ser alguien distinto, las circunstancias históricas adecuadas y el azar de los encuentros. Y a veces se equivocan sobre lo que van a ser. "Evita creía que iba a ser una gran estrella y terminó siendo una gran líder política. El Che no sabía qué quería ser, quería ser escritor, antropólogo, médico, y terminó siendo un revolucionario".

Relinkeado desde Jopo de Gomina Blog

16.12.08

Atari Burroughs: Manifiesto actualizado


Atari Burroughs
(o DeAtar&Burros) surge como respuesta ante nuestra necesidad de encontrar formas
de expresión que nos permitieran construir espacios que no estén acorsetados por discursos uniformes y homogéneos. Necesitamos del ejercicio mental de masticar, procesar y vomitar lo que vemos, registramos y aprendemos. Aprendiendo y aprehendiendo.

Como tal, no responde a una sola voz, sino que se trata de un espacio de expresión compartido, por ende sus resultados pueden ser disonantes; es un espacio abierto, de estructura rizomática y circular, no solo en cuanto a la ocupación de sus diferentes medios sino también al ejercicio de administrarlos.

Al entehender que «la creación de sitios multidireccionales, diversificados y de comunicación abierta, promovidos y gestionados desde focos heterogéneos de la vida social, tal como se manifiestan en Internet, hacen pensar en otros tipos de espacios o esferas públicas»[1]; proponemos en Atari Burroughs un sujeto colectivo [una unidad/ entidad] donde generar un espacio para cuestionar las estructuras uniformizantes: buscamos abrir interrogantes. Aspiramos a no caer en el lugar común de asentar, no deseamos formular respuestas acabadas.

Siguiendo a Canclini, creemos que Internet nos ofrece una plataforma donde es posible crear múltiples espacios y canales de expresión donde nuestra opinión puede ser difundida. Este fanzine quiere ser un canal más allá de La Red, a través del cual podamos compartir nuestras inquietudes y gustos, participando activa y creativamente frente a una homogeneización estética, educacional y cultural, producto [entre otras cosas] de la concentración de medios y canales de comunicación.

Si bien existen en Atari Burroughs afinidades en común, no predomina en el grupo una línea de pensamiento sobre otras: provenimos de diferentes disciplinas para, en conjunto, generar un nuevo proyecto, propio y colectivo. Valorizamos la multiplicidad de voces, de opiniones y de miradas. Nuestra intención es abordar cada mes diferentes temáticas pretendiendo cuestionar las continuidades lineales y acabadas, los discursos homogeneizantes y uniformes.

La manera de organizarnos busca distanciarse de un orden jerárquico: Recuperamos, al ensayar, las formas de la naturaleza, de la luz, de la vibración del sonido; formas antiguas de organización social; formas orgánicas de organización de la materia. Dado que reconocemos la importancia de un sistema de organización y de la necesidad de una estructura definida, queremos inventar, crear y probar, actuando: pues como dice Jorge Córdoba, miembro del Human Research Lab, «Sin sistema, no hay revolución posible».

Como miembros del colectivo Atari Burroughs, todos y cada uno de nosotros creemos en el leit motiv: “sólo queremos ejercer el derecho a ser diferentes”. Y es que coincidimos con Joost Smiers, aunque podamos no estar de acuerdo con todo el libro, cuando afirma que «el arte es fundamental para el debate en democracia y para el proceso de responder a la multiplicidad de preguntas que surgen de la vida cotidiana, tanto en el plano emocional como en los otros. Para que esto suceda se necesita una gran diversidad de formas de expresión y canales de comunicación.»[2]



*** esta frase/idea hace referencia a las diferencias respecto del modelo del stablishment; es el espacio/ lugar/ ámbito "donde" aparece: la "cultura" de los negros, de los gay, de los artistas, de los marginales, de los místicos, etc.: esto de "las tribus". En el marco de lo que se ha dado en llamar: "antropología urbana". Intercambiándose los conceptos de identidad y cultura. Implica un análisis del significado de "diferentes"; en un momento, opuesto a "iguales"; luego, cruzado con la pelea por la "igualdad" de derechos, y ahora entrecruzado con el reclamo al derecho a las diferentes identidades, con "igualdad de derechos en la diversidad". Entonces, se remonta la discusión a cómo se definen las diferencias y las igualdades: esto de "nosotros /los otros" que permite decir: nosotros, por las semejanzas; y los otros, por la diferencias. Además de Oscar Wilde, así como de con los filósofos de la diversidad: tiene que ver con la escuela francesa (Barthes y Barth) y con Peter Worsley.

[1] García Canclini, Nestor. "Todos tienen cultura: ¿Quiénes pueden desarrollarla?".

[2] Smiers, Joost. "Un mundo sin copyright. Artes y medios en la globalización". 2006. Barcelona. Serie Cultura / Gedisa Editorial.

27.10.08

Julio Cortázar sobre El Boom y la Identidad Latinoamericana

Sigo con el tema de la identidad latinoamericana que venimos discutiendo largamente con el colectivo Jopo de Gomina este año en varios congresos internacionales. Y al respecto, aquí un documento magnífico del gran Julio Cortázar; del cual transcribo algunos fragmentos significativos que vale la pena destacar:

"[El 'Boom' de la literatura latinoamericana] es un muy buen principio, es una cosa muy hermosa, y yo estoy contento de haber participado en ese momento, pero quienes se hagan ilusiones de que eso significa ya la mayoría de edad literaria, se equivocan.
[…]
y con respecto al Boom… siempre me ha molestado que un fenómeno latinoamericana se defina con un término en inglés, que es políticamente muy significativa esa debilidad: lamentable debilidad…
Que en un momento histórico importante para América Latina en que esta dominada por un imperialismo que la quiere convertir en una factoría, en una colonia… que aparezcan 5, 6, 7 8 excelentes escritores que lanzan un montón de libros y de golpe crean un estado de conciencia que abarca a todo el continente"
[…]
"Yo pertenezco a una generación que no leía a nuestros compatriotas, los escritores latinoamericanos, estábamos vueltos a Europa, de espaldas a nuestra realidad… ahora hay millones de latinoamericanos que se han despertado a ese hecho maravilloso que es tener confianza en sí mismos, porque si yo tengo confianza en un escritor argentino, entonces tengo confianza en mí mismo, tengo confianza como pertenecientes a nuestra sociedad, a nuestra cultura, a un ritmo histórico, entonces fíjate lo que eso significa como signo revolucionario, como búsqueda de una identidad; sabemos cada vez mejor que somos latinoamericanos, y que como dijo Darío… "tantos millones de hombres no hablaremos inglés, hablaremos español".

PD: Este mes Jopo de Gomina estará de dando workshops y conferencias en Córdoba y Santa Fé! ¡Esperamos verlos!

20.8.08

De la tierra al cielo: informes de 1 pasajero por NBF

Por su volumen, su edición, sus múltiples posibilidades de acceso, y sobre todo por la calidad del contenido; lo que les estoy compartiendo hoy es uno de los tesoros más preciados que he encontrado este último mes por ahí en las recónditas tinieblas de la web.

Dicen que en los laberintos bien diseñados, el verdadero objeto del deseo de la víctima no es hallar de inmediato la salida, sino que paradójicamente, el goce original del inconsciente reside en atravesar esa cadena de incertidumbres sucesivas en las que el hombre se siente vivo por ponerse a prueba.

En los informes de
Neus Buira Ferré pareciera como si en su extraño diario fragmentado ella nos dejara el recuerdo de su experiencia y las reflexiones que estas mismas le fueron provocando; sin embargo, al leer estas memorias no hay modo alguno de encontrar una respuesta, ni una salida (conclusión) o camino seguro hacia ningún lugar establecido.

A medida que uno se adentra en los pasillos de sus páginas, se siguen abriendo nuevas puertas, nuevos senderos, cada uno con nuevas preguntas que a su vez se ramifican… y así, ahora es uno mismo el pasajero aquí perdido en el mapa descompuesto de píxeles que van
(de)construyendo el híbrido edificio de este híper-libro-objeto.

Por eso el encanto del laberinto Neus nos atrapa y nos mantiene horas, links, y días enteros saltando así de lo más lindo, de la tierra angustia de Kierkegaard y Nietzche, al cielo místico-cósmico del I-Ching y Platón, por medio de la mágica poética de una rayuela
—por supuesto: cortazariana—.

max (agora en crítico literario ¿?)













Es un libro híbrido; mezcla de diarios, memorias y ensayo crítico sobre identidad, cultura y civilización occidental.
No existe un único modo de lectura sino múltiples, utiliza tu intuición como guía. click para ir allá

5.6.08

25 watts uruguayos


A la memoria de Juan Pablo Rabella



l e n t o

Mucho más que una película en mi caso se trató como de un vicio —podría decirse— casi adolescente. Comencé con reparos, y la vi por primera vez medio a regañadientes. Recuerdo salir del cine con una sensación extraña, y claro, una película filmada en blanco y negro, uruguaya, que sucede en 24 horas, y cuenta sobre tres chicos que el tiempo les pasa y a la vez no pasa nada… Pero ojo, que no es tampoco la clásica película sobre el nihilismo adolescente, sobre los sueños que sólo son eso y la angustia y la tristeza contenida. Por supuesto que como buena ópera prima de autor joven sobre temática joven, todo aquello no puede estar ausente; pero lo bueno, en este caso, es que en eso no se agota la trama.

a g r i d u l c e

Como un sabor extraño que de primera nunca nos termina de cerrar, casi como la primer pitada, del cigarrillo adolescente, o mejor aún, como el primer sorbo de Whisky medio obligado en alguna fiesta del primario. Son cosas que pocas veces gustan de entrada, pero, que el placer nos va encontrando justamente en la reincidencia, y así se nos apega de forma mucho más profunda, con el compromiso del tiempo y de la voluntad de por medio. Y este es el caso, pues es una de esas películas que una vez que te tocan ya no te dejan, de esas que no saturan con las revisiones, sino a la inversa: cuanto más se la ve, más se la adora, y más se la necesita repetir.

c a l l e s

Básicamente es la no historia que se desprende de la nada, de las aburridas calles de Montevideo, que aquí se retrata como si estuviese muerta o más bien detenida, en un no-tiempo cíclico, fuera del mapa, del color y del calendario. Una ciudad que como pocas veces toma carácter de personaje y dice más sobre la historia misma que todos aquellos de piel y hueso. Sobrepasados por la situación y sin ganas de reflexionar al respecto, los personajes dan marco a la ciudad, esta triste y abúlica Montevideo, la verdadera protagonista, que todo lo sugiere, con una queja apenas perceptible, en forma de suspiro. Sin reacción, como un enfermo en un dormitorio viejo, donde el malestar se abraza a las paredes; así es la ensombrecida Montevideo de 25 watts: una ciudad a media luz, cuya extrañeza se evidencia en las ventanas, en los adoquines, y en las alcantarillas; en las caminatas que les tiende impávida a sus personajes, grises, y en los tiempos muertos, de la vereda, como soporte del silencio.

m o n o c r o m o


Además de la ciudad adormecida, hay tres protagónicos memorables y algunos otros amigos, y entre estos y aquellos están el vago, el loco, el fumón, el enamoradizo, el looser, el soñador, el pajero, el gracioso, el bardero, el sumiso, y etcétera. Pero no por separado, sino como una bruma que va ascendiendo desde las alcantarillas para atravesar a cada uno de estos seres desorientados. Y allí es donde se mezclan los eternos roles conflictivos del (¿post?) adolescente, lejos del estereotipo caricaturesco, el componente dramático aquí asume toda la dimensión de su complejidad, sin obviedades, sin frases hechas o imágenes fáciles. Y en este sentido, a los logros del guión y de la cámara, hay que sumarle el hallazgo de los actores. Destacable es el papel encarnado por Daniel Hendler, que si bien ya venía de sorprender en Esperando al Mesías (la ópera prima de Daniel Burman, con quien luego colaborará en repetidas ocasiones), es en este personaje "Leche", un pibe típico de barrio uruguayo, con el que se ganará el reconocimiento internacional y se le abrirán las puertas más grandes del cine argentino, sobre todo luego de obtener por este trabajo, el premio a mejor actor en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires.

a i r e l u z


Para aquellos que la vimos estrenarse allá por el 2001, y vimos como pasaba por las salas de Buenos Aires sin demasiada pompa, fue una gran satisfacción —como esos pequeños orgullos que uno siente al descubrir algo en el momento de su gesta— saber que el tiempo terminó confirmando lo que en aquel momento algunos ya presagiamos: En ésta, su ópera prima, Pablo Stohl y Juan Pablo Rebella estaban (re)construyendo —desde su juventud y su valentía— la historia cinematográfica de un país cuyo cine yacía adormecido; tan muerto en vida como Leche, Javi y Seba, los personajes de esta película, que paradójicamente, en su sopor apesadumbrado supieron cambiar el rumbo del cine independiente uruguayo y despertarlo de su tan aletargada apatía.

f i n a l


max (agora iniciándose en la crítica filmográfica, ja)




⊠

Tendencias

29.5.08

simmel


esbeltos ciudadanos
ambulantes; cosmopolitas
en la sombra deflecada

un cálculo exquicito
el intelecto en emergencia

moderna metrópolis en llamas
¿la destreza de los vínculos?

resistencia o desarrollo
subjetivo territorio.

16.12.07

Sarah Kane y una declaración de amor

Este es un texto de la escritora y dramaturga inglesa Sarah Kane. Si alguien conoce su obra se darà cuenta que poco tiene que ver esta hermosìsima declaraciòn de amor cotidiano con las temàticas planteadas por la minita en sus escritos, pero me parece precioso e igual de valioso que lo descarnado de sus obsesiones -"Soñé que iba al doctor y me daba ocho minutos de vida. Habίa estado esperando sentada en la puta sala de espera media hora"-

Sarah Kane se suicidò a los 28 años, querìa mucho a la muerte pero tambièn querìa mucho a una chica.

"
Quiero dormir a tu lado y hacerte las compras y cargarte las bolsas y decirte cuánto me gusta estar contigo pero me siguen obligando a hacer estupideces (...) Y quiero jugar a las escondidas y regalarte mi ropa y decirte cuánto me gustan tus zapatos y sentarme en el borde de la bañera mientras te bañas y hacerte masajes en el cuello y darte besos en los pies y llevarte de la mano e irme contigo a cenar y que no me importe que comas de mi plato y encontrarme contigo en el Rudy's y hablar del día y escribir tus cartas y llevar tus cajas y reírme de tus paranoias y regalarte discos que nunca escucharás y ver películas buenísimas y ver películas malas y quejarme del programa de radio y hacerte fotos mientras duermes y levantarme para prepararte café con tostadas y pancitos y salir contigo a tomar un café al Florent en medio de la noche y dejar que me robes los cigarrillos y que nunca tengas fuego y contarte lo que vi en la tele la otra noche y acompañarte al oculista y no reírme de tus chistes y desearte por la mañana pero dejarte dormir un poco más y mientras darte besos en la espalda y acariciar tu piel y decirte cuánto me gusta tu pelo, tus ojos, tus labios, tu cuello, tu pecho, tu culo y sentarme a fumar en la escalera hasta que vuelva tu vecina y sentarme a fumar en la escalera hasta que vuelvas y preocuparme cuando te atrasas y asombrarme cuando te adelantas y regalarte girasoles e ir a tu fiesta y bailar hasta quedar negro y estar triste cuando me equivoque y feliz cuando me perdones y mirar tus fotos y desear haberte conocido desde siempre y sentir tu voz en mis oídos y sentir tu piel contra mi piel y tener mucho miedo cuando te enojes y se te ponga un ojo negro y otro azul y tu pelo hacia la izquierda y una cara de oriental y decirte estás preciosa y abrazarte cuando estés ansiosa y abrazarte más cuando sufras y desearte sólo con olerte y abusarme al tocarte y gemir cuando esté a tu lado y gemir cuando no esté a tu lado y babear sobre tu pecho y envolverte toda la noche y sentir frío cuando me quites la manta y sentir calor cuando no lo hagas y derretirme cuando sonrías y desintegrarme cuando rías y no entender y preguntarte por qué crees que te estoy rechazando cuando no te estoy rechazando y preguntarme cómo puedes pensar que yo sería capaz de rechazarte a tí y preguntarme quién eres, pero aceptarte igual y contarte acerca del ángel del niño del bosque encantado que voló sobre el océano porque te amaba y escribirte poemas y preguntarme por qué no me crees y tener un sentimiento tan profundo que no encuentra palabras y querer comprarte un gatito y sentir celos de él cuando reciba más atención que yo y retenerte en la cama cuando te tengas que ir y llorar como un bebé cuando finalmente te vayas y vaciar los ceniceros y comprarte regalos que no quieras y llevármelos otra vez y pedirte que te cases conmigo y que me digas que no otra vez, pero siempre fue en serio desde la primera vez y deambular por toda la ciudad pensando que sin tí está vacía y querer todo lo que quieres y pensar que me estoy perdiendo a mí misma y saber que contigo estoy a salvo y contarte de mí misma lo peor e intentar darte lo mejor porque lo mereces y contestar tus preguntas cuando prefiera no hacerlo y decirte la verdad cuando en realidad no quiera e intentar ser honesta porque sé que lo prefieres y pensar que todo se acabó pero aferrarme allí durante diez minutos más hasta que me eches de tu vida y te olvides de quién soy e intentar acercarme a tí porque es hermoso aprender a conocerte y el esfuerzo vale la pena. Y hablarte mal en alemán y peor en hebreo y hacer el amor contigo a las tres de la madrugada y de alguna manera comunicarte ese amor abrumador, arrasador, incondicional y omnipresente que enriquece el corazón y libera la mente, ese amor eterno y presente que siento por tí.

"


19.10.07

¿Conocimiento libre?

o ... ¿de qué hablamos cuando hablamos de amor?

Hoy en día, esto del "conocimiento libre", es uno de los tópicos que más producción de material viene generando: ensayos, textos, informes, libros, software, música, vídeos... y la lista es larga, muy larga.
No me da el tiempo para leer y/o ver lo que encuentro.

Yo creo que, cuando nos ponemos "progres" elegimos "Licencias" que permiten ciertos usos de lo que producimos, nos creemos lo que nos quieren contar de Creative Commons, por ejemplo, y sonreímos a gusto luego de haber elegido una licencia que "protege" nuestros derechos y que, ¡oh!, también, permite que otras personas tengan "ciertos" accesos... en "contraposición" al bendito copyright.

También nos podemos poner más radicales y pararnos (activamente) en la vereda del copyleft y todo el movimiento que conlleva...

La verdad, es que yo no sé: estas cosas me terminan mareando (¿no será eso lo que pretenden las empresas que impulsan y financian el desarrollo de Creative Commons, y que nos lo presentan como una "alternativa" al Copyright?, tampoco lo sé).

Pero cuando dudo, me acuerdo de un encabezado escrito hace más de 30 años, y, entonces, lo leo, lo releo y lo utilizo como "licencia", (siempre citando la fuente):

«Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a miméografo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez personas las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información.» // Rodolfo Walsh.

Principio de reflexión "sin broche"... para compartir por el principio lo pensado. Para empezar a pensar, desde un principio, lo ya pensado.

y, ¿qué tiene que ver el amor?

¡¿y qué tiene que ver el amor?!

¿Acaso el amor es libre?... ¿O debería serlo?

abrazo + 2 besos.

3.10.07

...sobre enanos



NOTICIA PRELIMINAR

Las primeras investigaciones revelaron que el antiguo Mirador que servia de dormitorio a Manuela fue cerrado con llave desde dentro por la propia Manuela. Luego (aunque, lógicamente, no se puede precisar el lapso transcurrido) mató a su padre de cuatro balazos con una pistola calibre 32. Finalmente, echó nafta y prendió fuego.
Esta tragedia, que sacudió a Buenos Aires por el relieve de esa vieja familia argentina, pudo parecer al comienzo la consecuencia de un repentino ataque de locura. Pero ahora un nuevo elemento de juicio ha alterado ese primitivo esquema. Un extraño “Informe sobre enanos”, que Fernando Niembro termino de escribir la noche misma de su muerte, fue descubierto en el departamento que, con nombre supuesto, ocupaba en Villa Devoto. Es, de acuerdo con nuestras referencias, el manuscrito de un paranoico. Pero no obstante se dice que de él es posible inferir ciertas interpretaciones que echan luz sobre el crimen y hacen ceder la hipótesis del acto de locura ante una hipótesis más tenebrosa. Si esa inferencia es correcta, también se explicaría porque Manuela no se suicido con una de las dos balas que restaban en la pistola, optando por quemarse viva.

[Fragmento de una crónica policial publicada el 28 de junio de 1955 por La Razón de Buenos Aires.]

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